Mis manos se revuelven en los aires.
La tonada suena, sí esa maldita tonada que irrumpe en mis ojos
Mi esqueleto es el mismo, pensé que las cosas cambian cuando se
Descansa, pero mis piernas están igual de tiesas
Cierro los ojos y las frazadas tapan mi rostro. Tonadas, vuelven
A revolotear como unas moscas. Mis manos golpean la nada
Mis ojeras siguen ahí. De eso me canso de lo mismo de ayer
De lo mismo de mañana y de los mismos qué vendrá
Creo reconocer la mirada que está acá, el reloj avanzó y sin decir palabra
El viento ya golpeaba en mi rostro, mojar los ojos como si esto renovara la mirada
Por qué no puedo seguir reposando mis huesos.
El café está acá en el me inundo, absorbo los recuerdos de los siglos pasados
De los juguetes que estaban en el tambor de palos pintados con témpera.
Recorro la greda de mis manos y los dibujos diseñados. Y llego a esos instantes
Que no vuelven. Que se abrazan, que se toman, con nostalgia y alegría.
El pelo cae en mis párpados y todo cae en mis manos. El café ya está frío.
Pero, acá caminando en los montes recorro mis brazos y los ojos perdidos
En el tronco, unas botellas tiradas del ayer en este subsuelo de barros. Yo no sé si camino o corro, pero siento que las manos se diluyen en el viento. Se prende pink floyd en mis oídos y viene ese tarro con su marcha lenta y unos brazos colgando. Está manchado, con líneas y viene de la misma forma del ayer, pero debo abalanzarme para ganar un cupo
Esqueletos con ojos perdidos sumidos en sus cuartos, en sus muros, sus redes. Avanzando me devuelvo atrás, camino y retrocedo. Las nubes están adornas por perlas y la tierra tiene unas estrellas. Quizás voy abriendo mis ojos y reconozco la hoja que cae por la ventana, reconozco los pasos de antaño y la mirada de mañana. Vuelvo a retomar mis palabras que no me abandonan, elevo un volantín con mis lenguajes y retomando las piedras, pintando los cuadros para que las nieblas no se posen en mis ojos, y el fuego renazca en mis cabellos, total ya se pasará este ciclo y me debo bajar para comenzar armar mis locuras talladas en agua
Este blog no tiene finalidad y una definición. Son diversos escritos sin interrupciones, son escritos que reflejan manifestaciones
miércoles, 24 de noviembre de 2010
martes, 9 de noviembre de 2010
Noche en un bar
Nuevamente en este bar, a la misma hora (21:00) con un jarro de vino entre las manos, pero desde un tiempo todo era distinto. Juan ya no sabía si seguía frecuentando este bar, porque era una costumbre desde años o era para escuchar aquella muchacha, que tocaba con sus dedos de hojas en la esquina, que cubría de negro la superficie. Vino más hojas igual escritura decían por ahí. Llegaba siempre con una hoja y un lápiz y se sentaba en el último rincón y decía lo mismo de siempre. Juan, anotaba en una hoja “Todo es un círculo de piedras que chocan, porque las historias son las mismas, ni la mirada se ha renovado en la ventana que se abre”. Recordando cuándo andaba por la vida gritando, saltando, cuándo se creía feliz y el cielo no decía nada, amigos eran los que estaban a su lado, cuando todo era lineal. Una dulce voz lo volvía a la realidad, pero que hermosa muchacha, que hermosa voz. A veces, pensaba Juan que el motivo de asistir aquel bar, no era la rutina, sino aquella muchacha.
El vaso volvía a su estado natural y nuevamente divagaba, recordaba aquella noche cuándo sus padres fueron asesinados. Solo en esta realidad. Dieciocho años y recién egresado de cuarto medio, un mayor de edad según la sociedad. Nadie existió en ese momento, corrió hacia la muchacha ahora a sus veintitrés años, tal como hace cinco años cuando corrió aquellos brazos de esa compañera, pero fue rechazado como hoy. Otro vino!!! Gritó. Se vio en ese mundo oscuro y encontró en el un refugio, no de los mejores, pero un refugio. Alcohol y hierba acompañaron esas noches de frío. Esa mujer, esa muchacha, aquella hermosa canción de Violeta despertó esos traslados. La hoja era su descargo, vomitaba en ella y sin mucha claridad escribió “El lápiz que sostuve el segundo escribe en esta nueva luz de oscuridad”. Miró y esa muchacha ya termina de cantar y tocar melodías, que parecían dioses cantando a la tierra.
No supo si era el presente, el futuro o el pasado, pero sentía que ya era hora de marcharse, porque la muchacha ya no tocaba y el vino se derramaba en el rostro, adiós gritó. Se sentó, vació su bolsillo y faltaba esa hoja y el lápiz, gritó y le tiraron en su rostro aquella hoja. Caminaba entre esas calles angostas, mientras la luna parecía juntarse con la tierra. Juan caminaba y pensaba y decía por qué escribí. Su respuesta era, para escupir. Llegó a un callejón, un gato maullaba y él le dice anda a jugar con las estrellas. Sacó un papelillo, preparó un viaje o eso pretendía, pero vio aquella muchacha, sí la misma del bar. Dejó tirado el papelillo, pero realmente se olvidó de el. Siguió aquella muchacha cuadras, pero quedó impresionado, porque su seguimiento lo condujo a un grupo de putas o prostitutas al gusto de quién lee. Ella se cambió guardó la guitarra y salió, pero Juan la interceptó le dijo, porque me has desilusionado, yo pensé que eras, como una hoja que caía en otoño, eras el dibujo que construí durante años. Déjame en paz! Gritó la muchacha, esto lo hago por necesidad y no por gusto. Te deseo solo dame la oportunidad y modifiquemos nuestras vidas. No, yo no puedo menos contigo, mírate no eres nadie. Solo eres un borracho que juega a ser poeta, eres un fracaso. Juan la tomó le dijo cuanto cobras puta de mierda. Sacó de su bolsillo un billete y se lo enrostró, ahora eres mía y haré contigo lo que se me plazca. Juan terminó por cumplir su deseo y cuando terminó gritó no vales nada. En ese momento siente que golpean su hombro y le dicen es hora de abandonar el bar muchacho.
El vaso volvía a su estado natural y nuevamente divagaba, recordaba aquella noche cuándo sus padres fueron asesinados. Solo en esta realidad. Dieciocho años y recién egresado de cuarto medio, un mayor de edad según la sociedad. Nadie existió en ese momento, corrió hacia la muchacha ahora a sus veintitrés años, tal como hace cinco años cuando corrió aquellos brazos de esa compañera, pero fue rechazado como hoy. Otro vino!!! Gritó. Se vio en ese mundo oscuro y encontró en el un refugio, no de los mejores, pero un refugio. Alcohol y hierba acompañaron esas noches de frío. Esa mujer, esa muchacha, aquella hermosa canción de Violeta despertó esos traslados. La hoja era su descargo, vomitaba en ella y sin mucha claridad escribió “El lápiz que sostuve el segundo escribe en esta nueva luz de oscuridad”. Miró y esa muchacha ya termina de cantar y tocar melodías, que parecían dioses cantando a la tierra.
No supo si era el presente, el futuro o el pasado, pero sentía que ya era hora de marcharse, porque la muchacha ya no tocaba y el vino se derramaba en el rostro, adiós gritó. Se sentó, vació su bolsillo y faltaba esa hoja y el lápiz, gritó y le tiraron en su rostro aquella hoja. Caminaba entre esas calles angostas, mientras la luna parecía juntarse con la tierra. Juan caminaba y pensaba y decía por qué escribí. Su respuesta era, para escupir. Llegó a un callejón, un gato maullaba y él le dice anda a jugar con las estrellas. Sacó un papelillo, preparó un viaje o eso pretendía, pero vio aquella muchacha, sí la misma del bar. Dejó tirado el papelillo, pero realmente se olvidó de el. Siguió aquella muchacha cuadras, pero quedó impresionado, porque su seguimiento lo condujo a un grupo de putas o prostitutas al gusto de quién lee. Ella se cambió guardó la guitarra y salió, pero Juan la interceptó le dijo, porque me has desilusionado, yo pensé que eras, como una hoja que caía en otoño, eras el dibujo que construí durante años. Déjame en paz! Gritó la muchacha, esto lo hago por necesidad y no por gusto. Te deseo solo dame la oportunidad y modifiquemos nuestras vidas. No, yo no puedo menos contigo, mírate no eres nadie. Solo eres un borracho que juega a ser poeta, eres un fracaso. Juan la tomó le dijo cuanto cobras puta de mierda. Sacó de su bolsillo un billete y se lo enrostró, ahora eres mía y haré contigo lo que se me plazca. Juan terminó por cumplir su deseo y cuando terminó gritó no vales nada. En ese momento siente que golpean su hombro y le dicen es hora de abandonar el bar muchacho.
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