martes, 9 de noviembre de 2010

Noche en un bar

Nuevamente en este bar, a la misma hora (21:00) con un jarro de vino entre las manos, pero desde un tiempo todo era distinto. Juan ya no sabía si seguía frecuentando este bar, porque era una costumbre desde años o era para escuchar aquella muchacha, que tocaba con sus dedos de hojas en la esquina, que cubría de negro la superficie. Vino más hojas igual escritura decían por ahí. Llegaba siempre con una hoja y un lápiz y se sentaba en el último rincón y decía lo mismo de siempre. Juan, anotaba en una hoja “Todo es un círculo de piedras que chocan, porque las historias son las mismas, ni la mirada se ha renovado en la ventana que se abre”. Recordando cuándo andaba por la vida gritando, saltando, cuándo se creía feliz y el cielo no decía nada, amigos eran los que estaban a su lado, cuando todo era lineal. Una dulce voz lo volvía a la realidad, pero que hermosa muchacha, que hermosa voz. A veces, pensaba Juan que el motivo de asistir aquel bar, no era la rutina, sino aquella muchacha.

El vaso volvía a su estado natural y nuevamente divagaba, recordaba aquella noche cuándo sus padres fueron asesinados. Solo en esta realidad. Dieciocho años y recién egresado de cuarto medio, un mayor de edad según la sociedad. Nadie existió en ese momento, corrió hacia la muchacha ahora a sus veintitrés años, tal como hace cinco años cuando corrió aquellos brazos de esa compañera, pero fue rechazado como hoy. Otro vino!!! Gritó. Se vio en ese mundo oscuro y encontró en el un refugio, no de los mejores, pero un refugio. Alcohol y hierba acompañaron esas noches de frío. Esa mujer, esa muchacha, aquella hermosa canción de Violeta despertó esos traslados. La hoja era su descargo, vomitaba en ella y sin mucha claridad escribió “El lápiz que sostuve el segundo escribe en esta nueva luz de oscuridad”. Miró y esa muchacha ya termina de cantar y tocar melodías, que parecían dioses cantando a la tierra.

No supo si era el presente, el futuro o el pasado, pero sentía que ya era hora de marcharse, porque la muchacha ya no tocaba y el vino se derramaba en el rostro, adiós gritó. Se sentó, vació su bolsillo y faltaba esa hoja y el lápiz, gritó y le tiraron en su rostro aquella hoja. Caminaba entre esas calles angostas, mientras la luna parecía juntarse con la tierra. Juan caminaba y pensaba y decía por qué escribí. Su respuesta era, para escupir. Llegó a un callejón, un gato maullaba y él le dice anda a jugar con las estrellas. Sacó un papelillo, preparó un viaje o eso pretendía, pero vio aquella muchacha, sí la misma del bar. Dejó tirado el papelillo, pero realmente se olvidó de el. Siguió aquella muchacha cuadras, pero quedó impresionado, porque su seguimiento lo condujo a un grupo de putas o prostitutas al gusto de quién lee. Ella se cambió guardó la guitarra y salió, pero Juan la interceptó le dijo, porque me has desilusionado, yo pensé que eras, como una hoja que caía en otoño, eras el dibujo que construí durante años. Déjame en paz! Gritó la muchacha, esto lo hago por necesidad y no por gusto. Te deseo solo dame la oportunidad y modifiquemos nuestras vidas. No, yo no puedo menos contigo, mírate no eres nadie. Solo eres un borracho que juega a ser poeta, eres un fracaso. Juan la tomó le dijo cuanto cobras puta de mierda. Sacó de su bolsillo un billete y se lo enrostró, ahora eres mía y haré contigo lo que se me plazca. Juan terminó por cumplir su deseo y cuando terminó gritó no vales nada. En ese momento siente que golpean su hombro y le dicen es hora de abandonar el bar muchacho.

2 comentarios:

  1. Que buen escritoo... :D Saludo que estés bien

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  2. Me gusta el Lirismo de este cuento,
    pero me pareció diferente a la primera vez que lo leí
    el sábado Borgoñaaaaaaaaaa

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